Con la serenidad de aquél que no necesita nada, mis horas transcurrían con una plácida calma pocas veces interrumpida por algún que otro movimiento en mi cuerpo que hacía aumentar mi comodidad.
No tenía ninguna duda, ¡era feliz!, y poco importaba aquella penumbra que mis ojos percibían de tanto en tanto, o que mi mundo se limitara a lo que me rodeaba, ¿para qué querer conocer lo desconocido si quizás no me daría las sensaciones que podía disfrutar ahora?.
Así, entre dormitar y despertarme corría… Continue
Porqué perder estos momentos.
Rincones de observaciones oscuras.
y tu recuerdo tan cerca.
En el final, como ruedas que comprimieron.
Me alejo ya para verte nunca.
Rosario, ardiente y serena.
Darias bríos a esta serenidad de la tarde.
Y me acerco para verte.
Llega el momento de la partida.
Publicado por José Fernando sobre June 29th, 2009 a las 3:22pm -
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Estabas tan concentrada en tu tarea, que no te percataste como te miraba.
Como admiraba tus dedos llevando el pincel de la paleta al lienzo, dando vida al paisaje que tu mirada descubría, llenándote de satisfacción que iluminaba tu cara.
Y el reloj se había detenido, mientras el río se volvía azul, los pinos verdes en el ocre terreno, y a lo lejos, unas montañas bañadas de blanca nieve, se perdían en el horizonte de la esperanza.
Fue en ese preciso momento, que sentí la necesidad que mi cuerpo s… Continue
Los escritores solemos acumular papeles, cuadernos, apuntes, y toda suerte de artículos, en un perfecto desorden que nosotros solos entendemos.
Cada tanto, cansados de ver tantas cosas amontonadas, sentimos añoranza por la prolijidad, y se nos da por sacudir el polvo y hacer limpieza, tal como sucedió aquel día.
Repasando cada una de las carpetas, revivía mentalmente por qué había guardado cada cosa, y como sucede a menudo, había tirado menos de lo supuesto, guardando nuevamente casi todo, la cu… Continue
Comprenderé que existe Dios
al escuchar tu nombre.
Poco a poco, loco de recuerdos.
Amor, que fue de aquellos momentos.
Fe, cobijada en rincones fríos.
Te espero, estando lejos y cerca.
Cuarentones muertos.
Tu allí, yo acá. Mi orgullo me aleja tanto.
LLorando, y pensar en tí.
Qué importa, decirlo tan adentro.
No me mates nunca más.
No estrujes tanta soledad.
Ese corazón que vive.
Qué alianzas tienes en tu amor.
Perdonar este viento de esquinas que
nos quema.
En qué noches duermes. Regresa a… Continue
Publicado por José Fernando sobre June 4th, 2009 a las 9:50pm -
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Desnudo en los caminos duermo sobre el polvo y respiro el olor de la muerte enredándome en la pegajosa geometría de las telarañas
Espero al relámpago para beber el semen de los árboles y escapo del tiempo hacia ninguna parte buscando en mi brújula a la luna
No encuentro ciudades bajo las aguas de un arroyo que no dura ni el color de las flores sólo vocablos compasivos empapados en vinagre
II
Nunca sabremos qué hubiera ocurrido si hubiésemos cambiado de ciudad sin habernos desnudado
Aunque agradezco las fresas que me ofreciste con sabor a amargura y que fuera un domingo por la tarde cuando tus ojos me regalaron ese momento irrepetible perdonando mi engaño
III
Ella indagará tu hoguera ocultándose sin pedir nada y te amará para no morirse mientras dure
Lee sus labios cuando no te hable y no preguntes sólo agradece la suerte no buscada sin mentirla
Sentirás el deseo precipitadamente desnudando erizos con agonías de sexo o amarrado al galope de los zarpazos
No te impacientes cuando la luna le traiga lágrimas sin proponérselo y mira su boca fósforo enrojecido que se ilumina cuando sonríe
IV
No debo permanecer un día más en la fragilidad y ni siquiera recuerdo de qué huía cuando acepté implicarme en este desorden o sentarme a tomar el sol con los ancianos
Una mujer me cerró la puerta de su casa sin querer escucharme y me siento capaz de recomponer en otro lugar las piezas desgastadas del rompecabezas
V
Me quemé por amarte en las aristas de un tiempo desahuciado
No hay amores explícitos ni mujeres que se piensen ingenuas cuando aman Te he desabrochado el vestido cada noche aunque nunca me has confiado tus secretos
Ambos sabemos que nos separa la distancia inaccesible de un naufragio o las imaginarias coordenadas que trazamos sobre la incierta superficie del mar
Me reconozco en la impaciencia de todos los amantes pero a la vez en la imposible concreción de un nuevo abrazo que plagie la aparente felicidad de los enamorados y reniego de la inútil vocación del solitario
II
Te has desnudado y el deseo no penetra en mi cuerpo cerrándome todos los caminos que bajan a tu vientre cuando intuyo que ha llegado el momento del suicidio
Perdí la voz en el grito desesperado del aquelarre negándole otras horas a la bóveda de cristal de mi reloj y te rechazo después de suplicarte que me ames a escondidas
III
Es inútil que indague en tus ojos el amor oxidado en las lágrimas mientras bebo el vinagre de un beso
No debemos prolongar el naufragio o disimular un paisaje de vientos para plantar en el yeso las raíces
IV
No debes ahora recordar el pasado que compartimos a destiempo
Has conocido a otro hombre y me dices te posee una pasión insólita que no te reconoces
Fue como un milagro, estuve en los brazos de una diosa rodeado de pureza, aunque odio las parábolas Y humedecí los labios con el vino mientras le dibujaba caricias encendiendo los deseos
Lo juzgué una visión, un brindis temerario al placer con disonancias y arrodillarme ante la sed Un hola y un adiós a su desnudo, a un cuerpo colmado de pasión en un paréntesis de ausencias
Volvía del sueño subyugado con necesidad de amar para saberme hombre cuando la diosa me imploró
Espera, no despiertes
II
LOS DIOSES POSEEN LA INMORTALIDAD
Los dioses disponen de identidad propia, la eterna juventud que colma de energía sus cuerpos marmóreos El más mortífero de los dioses, el dios de la guerra, ordena tocar las trompetas si los esclavos gritan libertad y las sacerdotisas les amparan coreando consignas paganas compulsivamente
En el ágora, la poética se tiñe de sangre impregnando la inmortalidad de los dioses en lujuria
III
EL PARAÍSO
Impenetrable lugar para el ateísmo sustentado en arcaicas constelaciones de la nada. Lo inmediato, años de destierro ansiando el nirvana en beatitud, un lugar para ser felices lejos del abismo y habitar otros cosmos Entre ángeles de pan ácimo que no precisan de los dioses
A los creyentes, entes mortales, su posibilidad les vacuna infructíferamente contra la depresión
En la intemperie
IV
CREENCIAS
No concibo que crean en los dioses y se postren ante unos atributos inventados, aunque no inflijan daño a nadie
En las mujeres que han vivido intensamente tampoco están las respuestas, las observo ocultándose en un espanto dramático o separando los últimos ángulos con imperceptibles fragmentos de luz
Los ojos del tiempo revelan su desnudez, si las pregunto sobre el amor, muestran las heridas del sexo, el perfil del desengaño y los verdugos
Ahora miran al horizonte confundidas envueltas en una fe caduca y en su soledad
II
Quieres ser una mujer entregada a la seducción y te pierden los modales abruptos, tu piel color púrpura presagia huracanes entre relámpagos de sexo, maldice a las que veneran su belleza con el alma desnuda cabalgando a la grupa sobre enjambres de nubes y desembarazo
Vino la noche a tu corazón roto como un manto de hielo bordado en inconstancia y hoy te duele la ausencia del amor en la estéril claridad de otros tiempos
Donde pudo haber afecto, hay soledad
III
La soledad envilece la agonía del anciano, no le corteja una mujer que beba sus deseos en el vaso del vómito o le procure caricias por última vez
La evocación le transporta a la noche desnuda, a la hora límite en que la muerte le mostrará su sexo
Acodado en la barra de un garito en el Greenwich Village Henry Chinaski pide al barman el enésimo vaso de sexo con hielo mientras pronuncia unas frases ininteligibles dirigiéndose a unos tipos tan jodidamente ebrios como él
-Hoy me han despedido de un sórdido empleo y sin ningún sentido en el Times pero soy el mejor apostador de carreras de caballos de América y el único escritor que provee a la gente de las mentiras que necesitan para seguir existiendo
Sobre el escenario una striper se contonea a sabiendas de que puede enloquecer a cualquier hombre
Se apartaron del sexo dejando atrás las fábulas sustantivas y una pasión enhiesta y militante
Uno de ellos, sólo uno, cerró los ojos y pensó que todos nos planteamos la huida en algún momento hasta que el frío nos empuja a regresar convictos y confesos
Para sobrevivir en una incurable persistencia
II
MASTURBACIÓN
Amaina la tempestad en tu cuerpo Y te desplomas sobre el lecho Al socaire del último naufragio
Sobre la mesilla de la habitación Una lámpara de cristal de Murano Refleja el enésimo crepúsculo Fraguado en los océanos de la soledad
III
EL MIEDO
Se sentía libre Lamiéndole el sexo Provocando tempestades Algoritmos Múltiples orgasmos Encantamiento
Aunque jamás Le acarició el alma Por miedo
(Poemas de mi libro:Las diosas ocultan su sexo detrás de la luna)
Sobre mi sexualidad llueve en horizontal, es un error considerarme incompatible con un cuerpo malgastado en el que el alma se mantiene incólume En el exterior la noche es hermosa, sin embargo, aún gotea la sangre de heridas que me ocasionó la mordedura de la serpiente
No puedo prometerte amor mientras me desangro, el amor heterosexual que apeteces de un ser cuya naturaleza es imprecisa Intentarás entenderme y aflorarán las mentiras, entretanto, puedo enseñarte algunas fotografías antiguas que no me incriminan
Quizá no sea del todo ilícito mostrar las apariencias y regresar al prólogo No confíes demasiado en poder revelar los enigmas, aún eres muy joven para encontrar respuestas a un comportamiento que la sociedad juzgaría execrable
(Del libro: Las diosas esconden su sexo detrás de la luna)
No llores cuando los malditos Dancen sobre la tumba de tu libertad
Hazles creer que el ataúd está vacío
II
CREENCIAS
No concibo que crean en los dioses y se postren ante unos atributos inventados, aunque no inflijan daño a nadie
Sólo a sí mismos
III
HIPOCRESÍA
Se generaliza la hipocresía La madre de todas las guerras asesina a sus hijos como una vieja puta y el amor es la turbación que nos excita visionando añejas películas en technicolor
Hasta la felicidad se vende cada noche impregnada en unas rayas de cocaína
IV
LA CONCIENCIA
Me educaron para mirarme la conciencia en los espejos
Y en estas latitudes de mi vida busco por las atracciones de feria sólo espejos cóncavos o convexos
V
LA INVENCIÓN DEL APOCALIPSIS ES EL CHANTAJE MÁS REFINADO PERPETRADO CONTRA LA HUMANIDAD
Espero ante un mar enfurecido el pálpito de los descontentos y la revolución que los excite
Los dioses nos parieron vulnerables ante el Apocalipsis Entretanto, las campanas de las iglesias tocan a difuntos y los sumos sacerdotes bendicen desde los púlpitos nuestro linaje conformista
VI
LA ETERNIDAD
Suspendidas en la duración de Zeus, deslumbrantes estatuas entonan panegíricos a los dioses del Olimpo Erectas, con los ojos saturados de belleza inacabada semejan espíreas que gritan o susurran en función de un viento despiadado
Rebosa el tiempo y las excita un ansia de inmortalidad
VII
EUTANASIA
...Pero de tanto pensar y recordar el viejo cae aturdido. Y se duerme apoyado en la mesa del café.
Constantinos Cavafis
Proclaman los hombres desde la cumbre de su madurez que el célebre milagro de la vida es una suma de contingencias, con los años se han convertido en unos seres obstinados tejidos con hilos de tiempo desiguales y absolutamente asimétricos
Por lo que a mi me atañe, el postrer empeño será despertarme día a día e ir declinando en lo físico con la memoria casi intacta, anhelo impedir que unos psicópatas ultra católicos se apropien de mis despojos e inciten a los médicos a conectar cien cables a un cuerpo clínicamente desahuciado, que no se aprecie con certeza si sobre el lecho de mi agonía late el corazón de un hombre o de una máquina
A veces sueño que un anciano enfermo y exhausto, en la plenitud de la consciencia, dispone su muerte y se adentra paso a paso en algún mar desconocido con la mirada fija en la línea inaccesible del horizonte
Sabiduría, luz que extiende sus largos cabellos sobre los necios que colman los cenáculos agonizando entre sus propios gemidos Un libro ante los ojos resulta cegador, te empapa las desnudas neuronas sin desprendimientos, ven tómalo entre tus manos de cristal y escucha en silencio las voces de los siglos relatando historias
La irradiación es vital para percibir los conjuros de la gnosis
II
SOLEDAD
En las mujeres que han vivido intensamente tampoco están las respuestas, las observo ocultándose en un espanto dramático o separando los últimos ángulos con imperceptibles fragmentos de luz
Los ojos del tiempo revelan su desnudez, si las pregunto sobre el amor, muestran las heridas del sexo, el perfil del desengaño y los verdugos
Ahora miran al horizonte confundidas envueltas en una fe caduca y en su soledad
III
TRAS LA MUERTE
Acabas de morir y ha llegado el momento que más te inquietó en vida
De repente se han evaporado todos los proyectos en los que te involucraste de alguna manera, ya no están tus amigos, ni la oficina y no hay mujeres a tu alrededor como antes
Tienes mucho frío o tal vez demasiado calor Sólo te preguntas
¿Y ahora qué?
IV
ES LA HORA
Ocultaré mi tristeza en un tiempo gélido para que mi corazón no sangre
Merezco tu cobijo, que mis ojos no cieguen y tu amor, todo ternura la suavidad que te atestigua
Y ya no tendré miedo si te acercas
V
LA INFIDELIDAD RECORRE LAS ESTANCIAS DE LA COBARDÍA
Cubre su cobardía con vendas y le tiemblan los párpados desconcertado ante la claridad con la que le hablas No entiende tus metáforas y extravía la mirada en razones ocultas que disfrazan su verdad amparándose en las circunstancias
Hibernando la pasión en los oscuros placeres de la única fidelidad que conoce
Me hechiza el cine de Luchino Visconti La inmemorial muerte y resurrección de Venecia Y los palacios en ruina que amenazan Con ser devorados por el Gran Canal
Un muchacho de largos cabellos dorados Agita la bandera del Arco Iris al atardecer Y le inspira a Gustav Mahler La Sinfonía Número Cinco
II
MARLENE DIETRICH
Se consagró en un cine primitivo, mudo y nos deslumbró tan bella como la muerte en El Ángel Azul Viajó hasta las nieves perpetuas en el Expreso de Shangai con Von Sternberg y en Testigo de Cargo sus besos nacieron de labios tallados en hielo Fue musa de Willy Wilder y Orson Welles la encumbró a los altares del celuloide con Sed de Mal Nos queda de ella la inmortalidad escrita con la sangre añil de su estirpe en los arcanos del Séptimo Arte
María Magdalena von Losh Dietrich Marlene, la que fue diosa, única
Vendrá la muerte a confundirnos con otros no seres angustiados por las noches frías del delirio y nos vestirán con sudarios de olas trasparentes para ubicarnos en los vértices de un quimérico tablero de ajedrez
Vacío de amor y tiempo el corazón maldecirá la ausencia del afecto y la anfibología del sexo nos hará impotentes a la excitación peregrinando la eternidad por un abrupto letargo de fruiciones disonantes y abstractas
II
Presiento que enterramos las viejas canciones de amor, que el vientode la umbría deshoja nuestro libro verso a verso sin demorar el arribo de la muerte
Recuerdo los placeres del ensueño, el ungüento invisible que nos salvó a veces del naufragio sin juramentos apócrifos, la infidelidad desprovista de estigmas, las ascuas
Ahora, cada palabra, cada letra, vagará por un paisaje inhóspito de algarabía, nómadas en una selva de pájaros que desafinan el silencio rompiendo olas de lágrimas negras, tal vez crisálidas a contraluz trepando la oscuridad para ponerse a salvo de un espejismo inútil
Los historiadores indagan en viejos incunables todo lo concerniente a la sangre azul de los reyes y en ninguno se les reconoce legitimidad, porque no respiran desde que los parieron las princesas muertas
Mientras los hombres soportamos con estoicismo el trágala del vasallaje, las putas nos gritan desde las favelas que la dignidad no es prerrogativa del oficio, la cuna, los genes o la sangre
II
Es la hora, nada nos ata a unos reinos estériles que acabarán por aniquilarnos, es la hora del compromiso con la libertad, de vivir, vivir sin el peso de unas leyes indignas e intolerantes para con el afan contenido de los hombres
Ha llegado la hora de emanciparse, de abrir las puertas cerradas a la gente corriente, de expulsar a los bufones y mercenarios rémoras en atávicas monarquías, de las tierras que siempre debieron ser libres
AMANCIO PRADA INTERPRETA UN POEMA DE AGUSTÍN GARCÍA CALVO
Cuando hubo amor entre nosotros nos dirigíamos a la intimidad prevenidos a compartir el sufrimiento en un combate innecesario de egos itinerario imposible a la felicidad
Fue preciso descubrir el atajo que transcurre por el placer y olvidar a este lado del horizonte los cíclicos latidos de la fiebre
II
He regresado a nuestra ciudad desierta a las calles despobladas en las que sólo sobreviven el silencio y los insectos dime para qué gritar si no puedes ya oírme
Recuerdo aquellos tiempos la gente en sus asuntos malgastando las horas y fingiendo que viven dime para qué llorar si todo es inútil
Esta noche te imagino reflejada en la luna de entonces herida de sueños dime para qué sufrir si no puedo tenerte
Sólo queda un suburbio de sal con viviendas teñidas de nácar por las olas de un mar que no existe dime si ya no me amas para qué sigue en alerta la muerte
III
Asfixiada en la rutina has calcinado el tiempo de tu vida sin usarlo pasando por los días manchados con sangre en tu destino sin concretar el alfabeto con palabras de amor que te prohibías
Alergia suspendida en los poros de tu piel vestida de desconfianza
IV
Miro la hora escrita en el sexo de la noche y aún es el día de ayer que se muestra inoportuno manchando a destiempo la infidelidad de las caricias
Mañana se borrarán las cicatrices traicionando las promesas imprudentes de la cita o la ilegal presunción de la inocencia
V
Ambos sabemos que nos separa la distancia inaccesible de un naufragio o las imaginarias coordenadas que trazamos sobre la incierta superficie del mar
Me reconozco en la impaciencia de todos los amantes pero a la vez en la imposible concreción de un nuevo abrazo que plagie la aparente felicidad de los enamorados
Observo tu cuerpo desnudo disfrazando el fracaso eres una sombra perdida en la luz de mis fábulas regresada de la hora más angustiosa del exilio
Quiero recobrar la mujer que enhebraba la vida al aire a la que nadie reconoce ocultando el detritus del pasado
Mañana aún no existe y puede ocurrir cualquier cosa
II
Te desnudaste del vestido de fiesta suplicando a la lluvia que mojara tu cuerpo sin hurtar a las nubes el color de ceniza que pintaba de gris aquel pantano de cieno
Y decidiste borrar de la piel de tu sexo el detestable tatuaje con mi nombre
III
Al interpretar tu desnudo no reparo en el candor de la carne sino en la aristocracia de una piel que mece ternura
Largos años de temor turbando los afectos peregrinando oscuridad El pecado ultraja la virtud con hilos de lágrimas y los instintos vedados hienden en la niebla a la multitud silenciosa
Cuando el deseo hizo añicos al amor supe que todo estaba perdido
He pintado tu boceto mientras mirabas distraída un libro Es muy diferente al retrato que te hice cuando tenías veinticinco años para regalárselo a tu pareja de entonces
Sigues igual de sensual aunque ya no me recuerdas a aquella mujer y ambos venimos de otra época
¿Te apetece escuchar a Leonard Cohen?
II
En el fondo sólo has inventado una montaña de palabras incitantes que hacen evaporarse con su magia los vestigios del agua y llegas a la noche de bodas con los cabellos desordenados
Quizá consigas excitarme algún día con tu olor a lluvia cuando hierves y es todo lo que necesito del aire para pasear por el parque tus recuerdos
III
Concluye la noche y paralizados no alcanzan a protegerla mis brazos Hasta mi cuerpo que enferma en la oscuridad llegan los colores insinuándose desde el jardín bajo una luz con trazos de deslealtad
Me rodean unos rostros inanimados y no esperará la muerte que me siente a contemplarla cuando llegue
Acércate y el amor no desplegará su sombra por la agónica memoria de nuestros silencios, sólo son líneas discontinuas en una tierra fértil A los amantes nadie puede vetarles el paso hasta las brasas, ni a deleitarse con el ámbar gemido del hallazgo
No olvides que rastrearán los surcos buscando la fatiga, un leve indicio, silogismos y partículas de pánico Si no nos alejamos podremos salvar la desnudez, lo metafísico, todo se circunscribe a que admitamos la frágil permanencia de lo íntimo
(DE MI LIBRO: LAS DIOSAS ESCONDEN SU SEXO DETRÁS DE LA LUNA) .
El cantaor se arranca por fandangos y rompe el silencio, la indolencia, el dormitar culposo de mi hedonismo La luminosa madrugada de la cercana Córdoba difumina la tenue claridad en el vagón del tren de cercanías y de repente vuelvo a quebrantar los códigos no escritos de la fidelidad
He vivido la misma historia otras veces, el corazón excitado, la familiaridad del paisaje a través del cristal, las cálidas noches de labios sonrosados en las que buscaba compañía de una amante circunstancial
Te mentí, para no convertirme en un rehén de mis actos
Gracias a la conservación de manuscritos fechados afirmo que el pensamiento amenazó con escribir la historia de un amor que nunca quiso nacer
Hiciste uso de las ostras y su perfil de arena introdujo la bienvenida al mar Con caracolas vuelvo a ocultar mis oídos y al escuchar tu voz te exijo respirar en un coro de perlas marinas
¿Me oyes?
Sin el permiso de tu rancio linaje vienes a decirme en secreto que me amas y es prematuro porque tú sabes que un mismo movimiento te devuelve a la totalidad inacabada
Amanece y en la maternidad mediterránea no hay ya ninguna errata
(De mi libro “ La muerte siempre concluye su trabajo “ )
Ambos sabemos que nos separa la distancia inaccesible de un naufragio o las imaginarias coordenadas que trazamos sobre la incierta superficie del mar
Me reconozco en la impaciencia de todos los amantes pero a la vez en la imposible concreción de un nuevo abrazo que plagie la aparente felicidad de los enamorados
Y reniego de la inútil vocación del solitario
II
TU REALIDAD
Me duele tu alma en blanco y negro sin matices y escribir este poema que me inspiras que te siembres a la tierra para que sólo el viento te cimbre o que rechaces nuestra complicidad por los prejuicios
Me duele tu amor ya intransitable la presunción de la infidelidad y que elijas tu realidad sin utopías
III
FRAGILIDAD
No debo permanecer un día más en la fragilidad y ni siquiera recuerdo de qué huía cuando acepté implicarme en este desorden o sentarme a tomar el sol con los ancianos
Una mujer me cerró la puerta de su casa sin querer escucharme y me siento capaz de recomponer en otro lugar las piezas desgastadas del rompecabezas
IV
INCOMUNICACIÓN
Jamás se dirigieron la palabra pese a tener algo en común coincidir puntualmente cada tarde en el último vagón de un tren de cercanías
Acaso alguna vez disimularon las sonrisas al cederse el asiento absortos en la individualidad confundida de la multitud
Evitaron la oportunidad de cruzarse un ¡hola! ¡buenas tardes! o hacer más breves los veinte minutos largos del trayecto sin atreverse a frecuentar ninguna miniatura irrelevante de sus vidas
El más joven no ha subido al tren desde hace meses el otro al recordarlo se pregunta con indiferencia si se habrá comprado un automóvil
V
EL MIEDO
Quiso quedarse a solas con sus miedos exclaustrado de la realidad y como era un hombre la sociedad le afeó la conducta
¿Qué hará desde ahora con las lágrimas?
Es posible que finja la euforia pasajera de los héroes consciente de que su propia vida ha concluído